La teoría neoclásica dividida en tres grandes escuelas como fueron; la Lausana, la Austriaca y la inglesa, también abordaron el trato al mercado. En si, estas escuelas se centraron en el tratamiento de la economía sobre la base microeconómica y con un fuerte enfoque matemático, desplegando importantes esfuerzos en torno a las teorías del productor y el consumidor, además del análisis marginalista.

En cuanto al mercado, concebían a éste como un ente capaz de regularse por si solo, es decir, el libre juego de las fuerzas de ofertas y demandas tendía a establecer, en condiciones de competencia, precios de equilibrio que garantizan una asignación óptima de los recursos además de asegurar el pleno empleo. Esta definición llevaba a los neoclásicos a ocuparse solamente de la esfera de la circulación y no de la producción. Al asumir el criterio de que toda oferta tiende a crear su propia demanda (la ley de Say), sus investigaciones se encaminaban a la asignación, el intercambio y la distribución de los recursos solamente.

John M. keynes rompió esta tradición. Enfrentado a una situación de notables desequilibrios, como las crisis se superproducción y el ejército de desempleados que caracterizaban a los principales países capitalistas en las primeras décadas del siglo XX, keynes entró en conflicto con el esquema neoclásico. En su opinión, teorías de sus antecesores, Smith y los neoclásicos, sobre la lógica perfecta del mercado y su simple regulación, no expresaban realmente la realidad económica mundial en la que se vivía. La existencia de monopolios y de sus grandes presiones sobre el mercado, auguraban la necesidad de una nueva teoría que revitalizara la fundamentación del sistema.

Keynes defendió la necesidad de la intervención del Estado, en calidad de agente capaz de diseñar políticas económicas encaminadas a regular las imperfecciones del mercado, mediante el aumento de la demanda agregada a la que él llamaba efectiva y mediante el multiplicador se devenía en un incremento notorio de la renta. El comportamiento del mercado interno, como se deduce de lo anterior, fue un importante objeto de su preocupación, por su papel en el proceso de la reproducción capitalista ampliada.

Autor: Eloy Samuel Ramírez Acosta

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