Otro exponente clásico a analizar es Adam Smith, quien fuera un fiel oponente del mercantilismo y al monopolio del comercio. En su opinión, el control monopolista del intercambio de metales preciosos era negativo, tanto para las metrópolis como para las colonias, ya que generaba bajos precios de exportación y altos de importación, además de que desembocaba en precios, rentas de monopolios y en tasas de beneficios artificialmente altos, drenando capital de sectores más necesitados.

Smith concedió especial importancia a la esfera de la producción e indirectamente, al desarrollo del mercado interno en el crecimiento económico, debido a la ligazón que estableció entre la división del trabajo, la ampliación del mercado y la creación de la riqueza social. Para Smith, la acumulación del capital y la reinversión del excedente económico, constituían el motor del crecimiento económico y, por lo tanto, la base de la riqueza de las naciones.

Didácticamente, a través del ejemplo de la chaqueta de lana, el padre de la economía clásica puso de relieve la magnitud de la división del trabajo, tanto los diferentes tipos de trabajo que intervenían de manera directa en su preparación, como los que lo hacían de manera indirecta, es decir, comerciantes, cargadores, marineros, constructores navales, mineros y obreros que fabrican herramientas entre otros. Para Smith, la sociedad era una manufactura gigante en la que unas empresas se adaptaban a las necesidades de las otras, confundiendo ambos procesos.

Para Smith el crecimiento demográfico, la expansión geográfica internacional y la demanda de la agricultura conducían a la ampliación del mercado, pero el factor principal era la acumulación de capital, de la que dependía la amplitud del mercado. La cantidad de capital existente, a la que denominaba stock, junto a las disposiciones institucionales que regulaban la competencia interior e internacional, determinaba el tamaño del mercado. Al igual que otros autores de su época, creía en la agricultura como fuente de la riqueza, por lo tanto, la interdependencia campo-ciudades era el elemento esencial de la primera fase del crecimiento económico, ya que al transferirse el excedente agrícola a las ciudades, se crearía el mercado y se intercambiaría por productos de importación.

Una de sus más famosas representaciones teóricas, se refirió al funcionamiento del mercado, cuando lo identificó como una “mano invisible”, capaz de conducir a un óptimo de satisfacción en la sociedad, como resultado del libre accionar de los individuos. En pocas palabras, Smith creía que sin la intervención de ningún agente externo, el mercado seria capaz por si solo de regularse y generar bienestar para todos. Esta visión de una competencia perfecta se corresponde con el grado de desarrollo del mercado y la competencia en los inicios del sistema capitalista de producción.

Al igual que otros economistas clásicos, Smith concebía a las colonias como mercados para la exportación de manufacturas de la metrópoli, además de que ofrecían oportunidades para inversiones lucrativas. Como Marx documentase más tarde, las colonias jugaron un papel fundamental en el proceso de acumulación originaria del capital. Cabe destacar lo paradójico que resulta que Smith defendiese el libre comercio y a la vez, respaldase de hecho, que Gran Bretaña prohibiese a la India, las exportaciones de productos terminados hacia la metrópoli y las limitase a la materia prima, utilizando el argumento de que las compañías de la India poseían mayores ventajas para exportar hacia la metrópoli que para exportar hacia otros territorios. Detrás de tal argumento se escondía la necesidad de la manufactura británica de asegurarse un proveedor constante de materias primas y eliminar un futuro competidor. Smith consideraba que el colonialismo estaba justificado, más allá de la civilización de la raza blanca, por razones económicas.

Autor: Eloy Samuel Ramírez Acosta