¿Creciendo para quién?

El modelo neoliberal de crecimiento colombiano anti pobres

David Castells*

Resumen

A pesar del crecimiento económico sostenido de los últimos años los niveles de pobreza en Colombia siguen aumentando. Los datos estadísticos reflejan claramente que el modelo de crecimiento colombiano es anti-pobres. Muchos factores, principalmente la política económica del país, han permitido que la desigualdad aumente y se siga desplazando más colombianos a la pobreza mientras que la economía del país se encuentra en expansión. Este artículo es fruto de un estudio del autor (La pobreza en Colombia: Persistencia, estrategias para su reducción y el fracaso del modelo neoliberal) más profundo, integral y sistemático sobre la pobreza en Colombia utilizando la metodología de diagnóstico diferencial propuesta por el profesor Jeffrey Sachs.

BRIVEFING

Although the sustained economic growth of the last years the poverty levels in Colombia are still rising. The data shows clearly that the Colombian growth is anti poor. Many factors, mainly the economic policy of the country, have allowed inequality to rise and the movement of more Colombians into poverty while the country’s economy is in expansion. These article is fruit of an author’s study (La pobreza en Colombia: Persistencia, estrategias para su reducción y el fracaso del modelo neoliberal) deeper, integral and systematic about poverty in Colombia using the differential diagnosis methodology proposed by doctor Jeffrey Sachs.

* David Castells es Licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha estudiado también en la Universidad de Los Andes en Bogotá. Es Diplomado en Relaciones Internacionales y Master en Estudios para el Desarrollo. Durante los últimos años ha investigado sobre la persistencia de la pobreza en Colombia.

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PALABRAS CLAVE:
Crecimiento económico
Pobreza
Desigualdad
Política económica

El modelo neoliberal de crecimiento colombiano anti pobres

Cuál es la obsesión de los economistas y gobiernos por el crecimiento económico? Parte de la respuesta siempre ha sido que para un país solo un crecimiento sostenido permitirá mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos. Por tanto el crecimiento es lo importante. La medición y el análisis de la pobreza extrema quedan así relegados a un segundo plano. “Primero hemos de hacer crecer el pastel para que luego podamos repartirlo”, y así un país va bien cuando su crecimiento económico es bueno y mal cuando no.

Pero, nos cuestionamos de cuales son los sacrificios por esa búsqueda insaciable por el crecimiento? Cómo puede ir bien un país que crece a más del 5% pero cuyos índices de pobreza y desigualdad no paran de empeorar? Quienes son realmente los que se benefician del crecimiento? Para quién crecemos? Solo ahora, tras décadas de decepción en las teorías económicas tradicionales, los economistas y los gobiernos se empiezan a preocupar directamente por la pobreza como problema real desvinculado al crecimiento.

Crecimiento, desigualdad y pobreza

Existen tres razones fundamentales por las que crecimiento económico puede no representar mayores niveles de ingreso y de calidad de vida para la mayoría de la población de un país. En primer lugar los recursos pueden ser invertidos en sectores no relevantes para la mayoría de la sociedad, como la inversión en armamentos, muy comunes en muchos países hoy en día. En segundo lugar, los recursos pueden ser invertidos favoreciendo excesivamente el crecimiento futuro en detrimento del consumo presente. En tercer lugar, el crecimiento puede favorecer solo a pocos por una excesiva concentración de los recursos. Esta es la razón fundamental que explica porque el crecimiento económico en Colombia no reduce la pobreza.

No cabe duda de que para alcanzar mayores niveles de desarrollo económico es imprescindible alcanzar también mayores tasas de crecimiento económico, sobre todo en los países pobres cuya producción anual es aún muy reducida, eso está claro. En este sentido el crecimiento económico es paso previo para la reducción de la desigualdad y de la pobreza, y varios estudios empíricos sustentan la correlación teórica entre crecimiento económico y reducción de la pobreza. Sin embargo, la experiencia de muchos de los países en vías de desarrollo durante las últimas décadas también ha puesto en evidencia que en muchos casos, mayores tasas de crecimiento pueden significar también mayores tasas de desigualdad, y a mayor desigualdad mayor propensión de una parte de la población a caer en la pobreza. Y es que la solución a la pobreza no pasa únicamente por el crecimiento económico, incluso éste puede traer consigo más pobreza.

Ya la teoría económica, desde la época clásica, sugería que los países en su proceso de industrialización y desarrollo experimentarían periodos de crecimiento económico acompañado de mayor desigualdad. David Ricardo pensaba que a largo plazo el ingreso se redistribuiría en favor de los propietarios de la tierra, al incrementar la renta de ésta, debido a ser un recurso escaso (Ricardo pensaba en términos de una economía cerrada y muy dependiente de la tierra como factor productivo) mientras los salarios se mantenían al nivel de subsistencia (según la teoría Maltusiana). Por su parte, Marx defendía que el capitalismo es un sistema inestable con una fuerte tendencia al incremento de la desigualdad entre las clases. Más recientemente, W.A. Lewis contribuyó al análisis teórico describiendo cómo las economías se industrializan gracias al desplazamiento de mano de obra excedente desde el sector rural, a partir de una mayor productividad de éste, hacía el sector urbano, donde los salarios son más altos. Así el modelo de Lewis predice que de una situación de baja renta en el sector rural la desigualdad incrementa entre este sector y el urbano a medida que el proceso toma lugar. De hecho, evidencias empíricas relativamente recientes demuestran que la relación entre crecimiento y desigualdad puede ser contradictoria según la etapa de desarrollo en la que se encuentre un país. En este sentido el trabajo de Simón Kuznet es imprescindible. Kuznet intentó demostrar que la relación entre el ingreso nacional per capita de una economía y la distribución de este ingreso sigue un patrón con la forma de una U invertida. Es decir que, a medida que el ingreso per capita incrementa la desigualdad también lo hace, hasta que se llega a un punto a partir del cual un mayor crecimiento genera una redistribución más equitativa. Este proceso es precisamente el que experimentaría una economía que se comportara según el modelo descrito por Lewis. Así mismo se puede decir que este proceso fue el que experimentaron en cierta medida varias de las economías europeas.

Paralelamente, muchas de las estrategias de desarrollo propuestas en las últimas décadas llevan implícito que los países que las implementan sufrirán este proceso en el que tendrán que sacrificar una distribución equitativa de la renta en favor del crecimiento económico para luego poder repartir los frutos de este. Sin embargo esta experiencia se vuelve cada vez más dolorosa para los países en desarrollo que no parecen alcanzar la segunda parte de la U invertida de Kuznet; cuando la distribución vuelve a ser equitativa a mayores niveles de calidad de vida. En cambio si ha significado en muchos casos el desplazamiento de un porcentaje importante de la población hacía la pobreza.

El crecimiento anti pobres

Así, y aunque sea, sin lugar a duda, un gran motor de desarrollo y permita avanzar en la reducción de la pobreza, la teoría y la realidad demuestran que el crecimiento económico no es neutro. El crecimiento no favorece a toda la sociedad por igual; suele favorecer más a unos que a otros.

En este sentido hay diversos tipos de crecimiento. Hoy en día algunos economistas usan el concepto de la “tasa de crecimiento pobreza-equivalente” (Poverty Equivalent Growth Rate – PEGR). Esta tasa nos permite verificar si los pobres se han beneficiado del crecimiento económico de un país o no durante una época determinada. La PEGR es la tasa de crecimiento que arroja la misma reducción de la pobreza que la que se daría si el crecimiento observado en un país hubiera sido neutro. Si la PEGR es mayor que el crecimiento observado, el crecimiento es pro-pobres. Si es menor, pero positiva, el crecimiento es trickle-down (derrame); el crecimiento reduce la pobreza pero aumenta la desigualdad. Por el contrario, si la PEGR es negativa, el crecimiento se define como anti-pobres: las ganancias del crecimiento son recibidas por los ricos y, a pesar del crecimiento, la pobreza aumenta.

La experiencia colombiana

Los datos demuestran que el crecimiento económico colombiano de la última década y media, en particular desde la apertura y la adopción de políticas neoliberales de la década de los noventa, no es pro-pobres; no está ayudando a disminuir los niveles de pobreza del país.

La apertura ha traído consigo una mayor volatilidad de los ciclos económicos y por tanto una mayor vulnerabilidad de las personas frente a la pobreza. Los ciclos económicos más pronunciados han significado mayor pobreza puesto que, como revelan los datos estadísticos, en épocas de expansión los pobres se han visto poco favorecidos, mientras que en épocas de crisis ellos han sido los más perjudicados:



Para verlo con más claridad podemos primero dividir el crecimiento económico colombiano desde los 90s en tres grandes periodos; un primer periodo de expansión entre 1990 y 1997 con tasas de crecimiento rodeando el 4%. Un segundo periodo de crisis entre 1998 y 2000, cuando el crecimiento promedio fue de -0.27% en términos absolutos y -2.04% en términos per cápita, y un tercer periodo posterior al 2001 donde las tasas de crecimiento son cada año mayores (superiores hoy al 6%.).

Pues mientras que en 6 años de expansión del primer periodo la pobreza solo se redujo en 3 puntos porcentuales (de 53.8% a 50.3% según la Contraloría General de la República) en solo 3 años de crisis (1998, 1999 y 2000) la pobreza aumentó en más de 9 puntos porcentuales (de 50.3% a 59.8%). Peor aún, durante al tercer periodo, el actual periodo de expansión, la pobreza sigue aumentando superando ya el 60% de la población del país!

Es decir, a diferencia del buen desempeño de la economía colombiana en los últimos 4 años (buen ritmo de crecimiento y reducción de la inflación, principalmente), en los temas sociales, como la desigualdad y la pobreza los resultados no son tan buenos; la desigualdad y la pobreza se mantienen en niveles sumamente elevados, entre los mayores de América Latina.

Jairo Nuñez y Silvia Espinosa, en su estudio del 2005 sobre los determinantes de la pobreza , entre 1997 y 2004, encontraron que la PERG para Colombia fue mayor que el crecimiento observado tan solo en el 2000 y 2003. En los demás años la PERG fue negativa; el crecimiento fue anti-pobres. Por tanto, no solo la severa crisis del país de finales de siglo repercutió más fuertemente en los más pobres, sino que además, el crecimiento colombiano reciente no está favoreciendo a los más necesitados. Los datos hablan por si solos; si el crecimiento económico colombiano hubiera sido neutro, el nivel de pobreza en el 2004 hubiera sido más de 7% más bajo.

El modelo neoliberal y el crecimiento anti-pobres en Colombia

Por qué pues el crecimiento económico colombiano desde los noventa no favorece a los más necesitados y en muchos casos, incluso los perjudica? Nos ayuda el modelo económico a responder esta pregunta? Un Diagnóstico Diferencial, tal como lo propone uno de los grandes economistas contemporáneos como Jeffrey Sachs, que estudie todas las estructuras (tanto económicas como sociales, políticas o culturales, internas o internacionales) que pueden influir en los niveles de pobreza de un país puede contribuir a descubrir la respuesta. Los resultados de tal diagnóstico reflejan que la persistencia de la pobreza en un país cuyas capacidades deberían permitirle reducirla de forma sostenida, como lo es Colombia, es el resultado de diversos factores que hacen que dicha reducción no sea fácil. En primer lugar está el arraigo de la pobreza misma. En segundo lugar, el marco de política económica. En este sentido los datos más recientes nos muestran que algo no funciona; se estima que el crecimiento económico colombiano superó el 6% durante el pasado 2006 (el más alto en muchos años) mientras que por el contrario el desempleo subió a más del 12%. ¿Si en épocas de expansión no se genera empleo sino se destruye que podemos esperar de la evolución de la pobreza en el país?

Lo que sucede es que la política económica en Colombia no prima el desarrollo humano y la erradicación de la pobreza. Las políticas macroeconómicas de tipo neoliberal han propiciado buenos resultados macroeconómicos y un buen ambiente empresarial, pero las políticas tanto de desarrollo de capital físico como de capital humano presentan serias dificultades y están subordinadas a las primeras. Así mismo el modelo ha dejado al “mercado” el desarrollo social y, como era de esperarse, tal desarrollo se ha estancado y los únicos favorecidos han sido los empresarios. El marco fiscal del país refleja claramente las prioridades del gobierno colombiano actual en cuanto a gasto público en defensa y servicio de la deuda, dejando recursos limitados para el desarrollo humano y la reducción de la pobreza. Un gasto público que no ha estado focalizado en los más necesitados, que ha sido ineficiente y escaso; en el 2004, según la Contraloría General de la República (CGR), tan solo un 2.1% del PIB colombiano estuvo destinado a inversión social, frente a un 10% destinado a defensa.

El diagnóstico diferencial para estudiar la pobreza en Colombia muestra también, como era de esperarse, a la violación constante de derechos civiles y políticos, la corrupción, el clientelismo, la violencia y la inseguridad internas como claros factores que disminuyen significativamente las posibilidades de que el crecimiento económico colombiano se traduzca en menos pobreza. Así como a la escasísima movilidad social del país (en términos educativos, la correlación entre la educación de padres e hijos es superior al 0.7, el doble de otros países de América Latina), intrínseca a su modelo de desarrollo.

La pobreza y su reducción en Colombia están muy determinadas por el actual modelo neoliberal y por ello el crecimiento no ha favorecido a los más necesitados. El modelo neoliberal colombiano, privatizando los servicios públicos sin un control riguroso (como en el caso de los servicios de salud), confiando en reformas tributarias regresivas, desprotegiendo industrias nacionales intensivas en mano de obra apostando por mayor eficiencia en detrimento de la equidad, convirtiendo la estabilidad de precios en el máximo objetivo de la política económica -donde competitividad significa bajos salarios-, ha puesto al interés privado por encima del interés general. Ha acentuado la desigualdad y provocado más pobreza. Nuevamente los datos son claros; mientras la economía crece a buen rimo (superior al 3% durante los últimos 4 años), un tercio de la población colombiana vive hoy aún en indigencia (sin los recursos mínimos para una alimentación adecuada y según la CGR) y aproximadamente el 10% más pobre de la población colombiana participa en tan solo un 1.1% de los ingresos totales del país, mientras el 10% más rico lo hace en 46.1%, en un país donde el coeficiente de Gini se acerca ya a valores cercanos a 0.6 (de los más altos del mundo).

Ante la situación actual y con todos los datos dejando claro el desigual patrón de desarrollo colombiano, que deja de lado un gran porcentaje de sus ciudadanos, deberíamos concentrarnos más en luchar de forma más seria contra la desigualdad y la pobreza, sin esperar que el crecimiento lo solucione todo, y replantearnos nuestro modelo de desarrollo económico buscando los mecanismos que hagan que este produzca un crecimiento que favorezca a los que más lo necesitan. Sin embargo, y como siempre ha sido uno de los grandes frenos de nuestro país, queda la duda de que exista por fin la voluntad y el compromiso de todos para hacer realidad un modelo de desarrollo más equitativo.