La Inversión en la Empresa

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Luis Garrido Martos
lgarrido@mutua.org
Experto Contable (E.A.E.)

Las empresas para generar resultados necesitan disponer de activos. Activos circulantes y fijos; materiales e inmateriales.

Todos estos activos se financian con los recursos propios y ajenos que representa el pasivo, y el pasivo de toda empresa tiene su coste, aunque a veces, no seamos muy conscientes de ello. (La contabilidad no registra el coste de oportunidad, el riesgo asumido por la empresa, ni la inflación, por ejemplo).

Por definición, la rentabilidad que se obtiene de los activos, tiene que ser superior al coste del pasivo. Pero también por necesidades de supervivencia de la empresa. Sin embargo, la realidad pone de manifiesto muchas veces otra cosa bien distinta.

Todo el activo de una empresa no esta compuesto por fijo; también existe el activo circulante. Pero especialmente en las empresas industriales, el activo fijo tiene un peso muy importante, y por lo tanto, deben estudiarse y analizarse muy cuidadosamente las decisiones de inversión. Sobre todo teniendo en cuenta, que este tipo de inversiones compromete los recursos de la empresa a largo plazo. Es por lo tanto “absolutamente imprescindible planear bien los proyectos de inversión, con la vista puesta no tan solo en el corto plazo sino también en el medio y largo plazo”.

Ello nos conduce a la necesidad de conocer métodos de análisis y evaluación de inversiones, pero también a aplicar mucho sentido común, puesto que no existe método alguno que garantice el éxito de una inversión concreta. Los modelos de análisis de inversiones, son solo parte del proceso de la toma de decisiones, pero no deben suplir nunca el juicio del analista, es decir, de la persona que toma decisiones.

Además, no debemos cometer el error, de analizar muy bien la inversión cuando ésta es un proyecto, y olvidarnos de la misma, cuando ya es una realidad, cosa que por desgracia, pasa en más de una empresa y en más de una ocasión.

Con frecuencia, una vez puesta en marcha la inversión nos olvidamos de ella. La rentabilidad del activo se calcula (por lo general) de forma global; no se entra en el análisis particularizado de cada una de las inversiones en concreto, y en todo caso, el criterio contable (rentabilidad económica) no es el mismo que el utilizado en el análisis de inversiones. (VAN, por ejemplo).



Indistintamente del método que se utilice para evaluar una inversión, es necesario disponer de datos para poder hacerlo. Sin datos o información, no es posible aplicar método alguno de evaluación, y aquí está precisamente el meollo de la cuestión. La dificultad para evaluar una inversión no está en el cálculo del V.A.N. o de la T.I.R.; la verdadera dificultad está en las previsiones económicas de dichas inversiones.

Los modelos de valoración de inversiones utilizan los flujos financieros previstos de las mismas, es decir, los valores monetarios, pero éstos flujos son consecuencia a su vez de los flujos económicos correspondientes. Por lo tanto, una “buena evaluación” no sólo requiere la correcta aplicación del método elegido; requiere especialmente un buen análisis, comprensión, y previsión de los flujos económicos del proyecto; es decir, su funcionamiento y generación, hasta convertirse en flujos financieros líquidos, que es la información básica utilizada por los distintos modelos de valoración.

La decisión de invertir debe tomarse con precaución y prudencia: los números son siempre necesarios, pero éstos son interpretables, y desde luego los resultados de las previsiones tienen mucho que ver con las hipótesis de trabajo que se hayan manejado previamente. Por ello, sólo se debe decidir inversiones de importancia cuando exista un convencimiento pleno y bien fundamentado de su rentabilidad y viabilidad.

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