La Utilidad como Principio del Valor

Jeremy Betham

Fue, con J.S. Mil, uno de los principales fundadores del utilitarismo. Bajo este sistema, los seres humanos huyen del dolor y buscan el placer. Sus aportes al concepto de utilidad en la Economía se concretan en su intención de realizar una compasión entre dolor y placer que el individuo obtiene en su actividad cotidiana. Por estas razones, fue considerado un hedonista, pero, sobre todo, fue un “utilitarista objetivo” pues definía la utilidad como “la facultad de un bien para producir un beneficio o alegría, o suprimir un dolor o adversidad”. El método utilizado para ello fue un apriorismo intuitivo, pero no logró una solución general para asignar un valor cardinal a las dimensiones de placer y dolor que se había planteado originalmente. Sin embargo, logró dar cierta consistencia a su teoría recurriendo al dinero como una guía para la medición de las satisfacciones, idea que fue retomada luego por Marshall.

Jean Baptist Say

Su principal objetivo fue el de liberar al concepto de utilidad de cualquier contenido material. Para él, el valor es algo eminentemente subjetivo y depende de la utilidad, que es su fundamento, por lo que es también fundamento de la riqueza. Pero encuentra dificultades en la medición del valor utilizando las apreciaciones variables y fluctuantes de los individuos, por lo que abandona este método y acude a los gastos de producción y de los movimientos de la demanda y oferta para cuantificar el valor.

En realidad ni Betham ni Say alcanzan a dilucidar la esencia de la utilidad y, sobre todo, no pueden encontrar el medio para cuantificarla. Esa tarea sería cumplida con el advenimiento de los marginalistas.

H.H. Gossen

El nuevo concepto de utilidad marginal encuentra en Gossen un desarrollo decisivo, sobre todo por su visión de fundamentar el valor en la “utilidad del último átomo”, la ley de saturación de necesidades y ley de compensación de las utilidades. Por otra parte, querrá explicar el proceso de cambio sobre la base de la teoría subjetiva del valor, postulando que el cambio es posible entre dos personas debido a que cada una recibe de la otra más de lo que da, algo similar a la visión de Condillac, que databa de muchas décadas atrás.

El aporte de Gossen, es sin embargo, identificable, pues propone que habrá cambio de equivalente cuando el último átomo del bien recibido por cada uno de los sujetos proporcione a cada uno una utilidad marginal igual, lo que equivale a decir, que cada uno recibe el máximo de valor posible; esto, es: el cambio de valores equivalentes que es el cambio de cantidades matemáticamente iguales, permite que los dos sujetos reciban más de lo que cada uno da, en otras palabaras, las cantidades matemáticamente iguales se convierten en cantidades matemáticamente desiguales, afirmación que es intuitivamente captada por cualquier persona que observe un proceso de cambio. Sus principales descubrimientos serían los mismos que encontrarían los marginalistas treinta años más tarde, esto es, la noción de que la utilidad es naturaleza subjetiva y está asociada a la relación de bienes y necesidades. También conforma su teoría las nociones de que la base del valor de los bienes no es la utilidad total, sino la que corresponde a la última unidad de un bien cualquiera, es decir, lo que después se conoció como utilidad marginal; la de que la utilidad marginal es medible y, por último, la de que el intercambio de productos es un intercambio de utilidades en el margen, que es el determinante de la equivalencia de los valores. Gossen declaró que él había hecho en la Economía lo que Copérnico en la dimensión del universo.

Autor: Mario Blacutt Mendoza