Gossen no fue el único que realizaría una “revolución coperniqueana” en la Economía, pues los marginalistas le atribuyeron a Jevons y a Menger, la responsabilidad de una nueva revolución derivada de Copérnico. Definieron la utilidad como la relación entre el hombre y un bien por la cual este última satisface una necesidad. Para que  esto se realice, debían tomarse en cuenta los siguientes aspectos: la propiedad de satisfacer una necesidad no es inherente al bien en cuestión, no está en la materialidad corpórea del bien; la utilidad, por ello, será de carácter subjetiva y, para que los bienes tengan valor, la utilidad de cada uno de ellos debe ser unida a la escasez. Al problema de la identificación de la utilidad y la escasez, se sumó la necesidad de cuantificar la utilidad de un bien; para ello, los representantes de la escuela subjetiva a principios de 1870, retomaron el concepto de utilidad marginal, para afirmar que ésa era la que medía el valor de un bien.

Karl Menger

Fue el que propuso por primera vez la nueva concepción, postulando que es el consumidor quien otorga valor a las mercancías, a las que recurre para satisfacer necesidades individuales. De este modo concibe su definición en los siguientes términos: “valor es la importancia que las mercancías concretas o determinadas cantidades de ellas adquieren para nosotros por el hecho de que sabemos que la satisfacción de nuestras necesidades dependen de que dispongamos de ellas.”

Menger quería descubrir la ley que regía en la formación de los precios, para lo que basó su propuesta en las necesidades en relación con las mercancías, rechazando la percepción objetiva del valor. De este modo formulará el principio de la utilidad en la dimensión marginal. Para empezar, dijo que un consumidor racional buscará obtener la mayor satisfacción de los bienes que desea consumir, distribuyendo su dinero de modo tal que su última unidad monetaria gastada en un bien le brinde la misma satisfacción que la unidad monetaria gastada en cualquier otro. Esto se complementa con la afirmación de que el consumidor, en su afán de aumentar su satisfacción, trasladará algo del gasto del bien menos importante a otro que considere de mayor importancia. Este es el principio de “marginalidad” o marginal, principio bajo el cual el consumidor participa en la estructuración de la demanda de mercado. Pero aún quedaba por realizar la generalización de la solución al problema de la valoración, lo que se expresaría en su “teoría de la imputación”.

Wiliam Stanley Jevons

Hace tres aportes de valía a la teoría de la utilidad: considera que la utilidad no debe ser tratada como una magnitud absoluta, a diferencia de Meger, sino bajo el concepto de “grado final de utilidad”; quiere recurrir a procedimientos técnicos para medir la utilidad y pone al valor de uso como base del valor de cambio, por lo que llega a la vinculación del bien con el individuo. En otras palabras, consolida la utilidad marginal en una tarea simultánea con Menger, Walras y Marshall, aunque todos ellos trabajan de modo independiente.

Autor: Mario Blacutt Mendoza

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