Adam Smith

Al comparar el valor de cambio de un bien con su precio, Smith observó que el precio fluctuaba como una respuesta a los cambio monetarios, por lo que reemplaza el valor “nominal monetario” de cada bien con un precio real, en el mismo sentido que hoy le damos, v.g. al salario real a diferencia del salario nominal o monetario. Este “valor real” es expresado en términos relativos con la cantidad de trabajo que costó producirlo. De este modo, en vez de escoger una mercancía tal como el oro o la plata, Smith recurre más bien a otra mercancía denominada trabajo. Queda entonces determinado que el valor de un bien está determinado por la cantidad de trabajo que contiene, por lo que el trabajador sería el creador de valor. Sin embargo, aclara que el valor creado por el trabajador debe repartirse también entre el dueño del capital y el de la tierra. De este modo, el salario, el beneficio y la renta se convierten en componentes del costo de producción del bien.

Smith supone que la nueva medida de valor, el trabajo, es invariable, pues su costo de producción, la del trabajo, es el salario de subsistencia que el trabajador recibe por el valor creado, salario que por ser de subsistencia, hace que el trabajo sea el menos invariable de todos los medidores del valor. De esta manera, el precio se divide en tres componentes: los salarios, el interés y la renta. Cuando en el largo plazo el precio de mercado iguala la suma de estos tres retornos, tendremos el precio natural. En el corto plazo, el precio de mercado puede no igualar la suma de los tres componentes, debido a que en ese caso, el precio es determinado por las fuerzas de la oferta y la demanda. Smith declara que las tasas de beneficio se determinan por las condiciones generales imperantes en la sociedad, en un proceso que el fundador de la ciencia económica define como de progreso, estancamiento y decadencia. Finalmente, define el precio natural como aquél al que tienden los precios de todas las mercancías.

Aunque Adam Smith propone una solución adecuada a la teoría del valor en la época de los clásicos, el hecho de que el valor creado por el trabajo se divida en tres retornos: salario, beneficio y renta, convierte a su propuesta en una teoría del costo de producción, donde el precio “natural” no es sino el equivalente a ese costo de producción, disfrazado bajo una teoría del valor trabajo.

David Ricardo

Ricardo se apoya en la visión de Smith, pero va un paso más adelante, pues llega al concepto de “excedente” para definirlo como la diferencia entre la cantidad de trabajo requerida para producir los bienes de subsistencia del trabajador, es decir, los salarios, y la cantidad producida por esa fuerza de trabajo. Así, Ricardo explica el beneficio y la renta como productos derivados del excedente creado por el trabajador. Su teoría del valor trabajo deja de lado la contradicción del “costo de producción” de Smith, puesto que esa contradicción hacía que el precio de un bien se midiera, en el fondo, “por el precio de ese bien” y postula que la única causa de una alteración del valor de cambio es el aumento o disminución de la cantidad de trabajo que contenga, agrega que una variación del salario tendrá un efecto inversamente proporcional al beneficio. Por otro lado, una variación del beneficio afectará a todos los sectores por igual y en el intercambio de bienes a través de sus precios relativos entre sí, el efecto de la variación del beneficio será nulo.

"El carácter determinante del tipo de beneficio agrícola sobre el tipo general de beneficio consiste en que dado que la competencia iguala a todos los tipos de beneficio, la tendencia a la disminución del tipo de beneficio agrícola debe transmitirse al tipo general de beneficio, el cual, por lo tanto, debe manifestar él mismo una tendencia a la caída progresiva". De este modo habrá una tasa de ganancia única congruente con los rendimientos decrecientes en la agricultura. Por otro lado, suponiendo que el trigo es un bien que todos los sectores utilizan como insumo, la dificultad de producción para esos sistemas debe ser igual a la dificultad de producción hallada en la producción de trigo, pues la tasa de ganancia es única. De aquí nace uno de los componentes de su teoría del excedente, según la cual "la dificultad o facilidad de la producción de la mercancía regulará en último término su valor en cambio".

Pero, lo que más nos interesa de la teoría ricardiana es la afirmación de que no sólo el trabajo presente sino el trabajo pasado incorporado en la maquinaria produce el valor de la mercancía. Como veremos después, éste fue un postulado que Marx criticó en “El Capital” y que yo considero que, por el contrario, esa afirmación se constituye en uno de los más grandes aportes que Ricardo hace a la teoría del valor.

John Stuart Mill

Postula que el valor es una función de los costos reales de producción. Lo que más o menos coincide con Smit; pero lo que asombra es su percepción de que los costos monetarios representan lo que llama los costos reales de las desutulidades del trabajo, por una parte, y de la abstinencia del consumo de los capitalistas, por la otra. Es por esta clase de afirmaciones, las que serían respaldadas más tarde por Weber, que Marx expresaría su admiración por lo que el denominó los “Clásicos”, esto es, Adam Smity y David Ricardo, debido a su interés “verdaderamente” científico de encontrar las “leyes que rigen el proceso económico de las sociedades” en contraposición a todos los economistas que vendrían después de ellos, como es el caso de J. S. Mill, a quienes denominó “economistas vulgares” por su creencia de que deformaban la verdad al servicio de la clase burguesa. Particularmente yo guardo mucho respeto por la obra en general de J.S Mill, especialmente por sus contribuciones al “utilitarismo”, pero su teoría de la “abstinencia” me parece realmente una muestra del gran peso ideológico en su percepción, por lo que no tendría ningún derecho a criticar la posición ideológica con que Marx plantea sus opiniones. Si la aplicáramos la visión de Mill al caso de las grandes corporaciones mundiales de la actualidad, por ejemplo, a la de Billy Gates, llegaríamos a la conclusión de que habría logrado una fortuna de cincuenta mil millones de dólares, ahorrándose en los almuerzos. Esto es sencillamente absurdo, y sin embargo, la “teoría de la abstinencia” tiene seguidores ilustres, como es el caso de Max Weber.

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