Crisis de Partidos Políticos en el Perú

Una realidad innegable

Por: D. Mark Paira C.

Hablar de crisis de partidos políticos es habitual. Sin embargo es necesario hacerlo. Existen enfoques diferentes. Algunos tratan de apartarlos definitivamente de la intermediación política (estado-sociedad), otros consideran como el único causante de los problemas al modelo neoliberal. Lo innegable es que el problema existe y tiene un alcance macro.

Esta crisis de los partidos en nuestro país no es la primera y tampoco será la última que se viva. El desarrollo dinámico de las sociedades traen consigo nuevas corrientes de pensamiento social que finalmente se expresan en nuevos partidos políticos, tal como lo ocurrido a finales del mandato del presidente Leguía 1929, con la desaparición definitiva del Partido Civil, de Manuel Pardo, el Partido Demócrata, de Nicolás de Piérola, del Partido Constitucional, de Cáceres y otros, que fueron superados por la incursión de nuevas corrientes de pensamiento social de esa época, expresadas en el aprismo, con Víctor Raúl Haya de la Torre, el Socialismo con J. C. Mariátegui y después en el comunismo con sus diferentes denominaciones, etc. cumpliéndose así, el proceso de superación dialéctica (ley de negación dialéctica).

Tal pareciera que el destino de los llamados partidos tradicionales en nuestro país, es vivir la misma suerte de los anteriores, concluir su ciclo de vida. Durante la década del ochenta, la organización y funcionamiento del Estado y la denominada clase política fue el eje fundamental de la sociedad peruana. A partir de los noventa tuvo un giro radical «convirtiéndose en el causante de todos los males del país, según los neoliberales». Razón principal de la actitud de desaprobación y notorio rechazo de la sociedad hacia todo lo que significa la alusión a la política y a los partidos políticos tradicionales principalmente, situación que con mayor intensidad vivimos en estos tiempos, ¡Bastaron solo diez años!, a partir de 1990, fue que surgen los «independientes» en nuestro país como líderes de la «Nueva Democracia» sin los partidos tradicionales; significaba «el ansiado cambio» para la sociedad peruana y con el solo respaldo de grupos de amigos o socios, orgullosos de no ser «políticos» y no haber pertenecido antes a partidos políticos.

Los «independientes», se configuraban rápidamente como la nueva y buena alternativa de cambio político para la sociedad dejando de lado a los partidos viejos. Para el colectivo social que rechazaba a la vieja partidocracia, significaba una alternativa política de cambio y en ello pusieron su confianza, pero al mismo tiempo se instauraba un grabe problema para la sociedad. Los «independientes» carecían de base doctrinaria, filosófica y menos tenían una línea de acción clara y se caracterizaban por se electoreros, estaban muy preparados para ganar elecciones con criticas duras hacia los partidos viejos, pero no para gobernar (carecían de planes programáticos) y con ellos se da la improvisación política que generó graves problemas posteriores, en suma carecen de una visión social objetiva que permita conducir a buen puerto el porvenir de los pueblos. En la actualidad los partidos viejos sufren tres tipos de crisis internas resaltantes:

Crisis orgánica, originada por los conflictos internos de sus dirigentes por el poder generando divisiones profundas irreconciliables, la lucha generacional de sus jóvenes militantes por alcanzar las dirigencias y la resistencia de los viejos por mantener el poder interno, Sus bases en su mayoría se encuentran frustradas por diferentes motivos, el manejo orgánico de cúpulas de amigos o familiares, etc. Todo provoca una crisis orgánica que afecta seriamente sus estructuras internas.

Crisis moral, sus dirigentes instauraron círculos amicales o de interés por lazos familiares en las cuales rotan los cargos diligénciales y esto origina frustración en otros aspirantes que por lo general terminan abandonado los partidos y forman los independientes, existe una pobreza moral muy profunda en los grupos dirigenciales. Es claramente notorio que los intereses son más personales que los del partido y es la razón de la lucha política, que desarrolla tremendamente el lobismo político de corrupción y las negociaciones de cupos de candidatos en tiempos de elecciones, aprovechamiento de los cargos públicos de pequeñas cúpulas preferenciales en periodos de gobierno. Todas estas acciones hacen que los partidos se degeneren moralmente y caigan a extremos de asemejarse a organizaciones ilícitas.

Crisis ideológica, de repente la más latente en los partidos actuales que aglomeran militantes de escasa preparación política ideológica y generalmente por un empleo; no cuentan con escuelas de formación ideológica, sus bases doctrinarias no sufren reestructuraciones necesarias, perdieron su esencia y su espíritu inicial, se muestran débiles y muy desacreditadas.
Armando Villanueva de Campo, líder histórico del APRA, reconoce que su partido está en crisis, dijo a sus dirigentes que no hay que engañarnos y que necesitamos una urgente reestructuración orgánica y principalmente ideológica, que es imperativo adaptar el partido a la realidad actual y no perder nuestro espíritu revolucionario. Debe existir un sinceramiento ideológico, político y programático de los partidos, una es su base doctrinaria y otra su acción política, no guardan coherencia. Al mismo tiempo deben comprender que tienen una responsabilidad dentro de la sociedad y asumirlo con seriedad. No insistir con pensamientos que son caducos para estos tiempos, como dijera el mismo Haya de la Torre, continuar no es repetir, «CONTINUAR ES CREAR»