La economía cooperativa

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La economía cooperativa y la `comunión económica´

p. Roberto F. Bertossi

La Economía Cooperativa en su programa de mediano y largo plazo y multipropósitos es ya mucho mas que un incipiente proyecto para integrar y complementar gradual y paulatinamente a las pymes de la supraregión sudamericana como a todos los demás sectores del quehacer económico, tecnológico, demográfico y ambiental; la economía cooperativa es una realidad palpable valorizada constitucional y mundialmente.

Los microempresarios, los empresarios -pequeños, medianos y grandes en su adhesión a los principios cooperativos –mas allá de lo gestual o de meros congresos y eventos de buenas intenciones- y a las prácticas de la responsabilidad social empresaria con la certificación de normas de calidad ética y cooperativas, gestionan su eficiencia, proactividad y confiabilidad teniendo siempre presente una justicia distributiva y el interés de la comunidad, concretamente con ayudas y apoyos económicos; impulsando empresarios de su trabajo independiente mediante cooperativas de trabajo, satisfaciendo las necesidades físicas básicas y los servicios públicos esenciales domiciliarios (agua potable, energía eléctrica, etc.) lo que ha devenido en una verdadera cultura solidaria en donde la cooperación es la bisagra para lograr una auténtica economía cooperativa, sin intermediarios ni fines de lucro, claramente, sin `hibrideces´ aún de aquellas mejores inspiradas pero que podrían partir de sofismas lucrativos para con ellos ir por fines edificantes, promocionales y solidarios y así, entonces, `a premisas falsas …´

La Economía Cooperativa no es un modo nuevo ni viejo sino actual y siempre vigente para entender la actividad económica, comercial y de servicios; la economía cooperativa solidaria tiene un desempeño secular en todo el mundo que `inauditamente´ recién ahora, algunos movimientos laicales o eclesiales parecieran descubrir.

Su origen se sitúa en Rochdale a partir de la primera revolución industrial alrededor del año 1844 pero su inspiración la podemos encontrar en las primeras comunidades de creyentes con sus puestas en común conforme las necesidades y posibilidades de todos y de cada uno lo que fue recogido por la doctrina social de la iglesia en sus principios y numerosos documentos, una y otra vez.

La economía cooperativa tiene neutralidad política, racial, religiosa pero no económica y por tanto es una economía universal, civil, solidaria, humana e inclusiva de financiamiento -comprobadamente ético y moral por la metodología financiera cooperativa- que no mediatiza su hospitalidad y cercanía con los pobres y necesitados porque precisamente éstos son sus autónomos e independientes protagonistas, sus financistas y `mecenas´ mas genuinos.

La economía cooperativa ha fincado su desempeño en fundamentos sociales, económicos, y morales y en franco correlato con lo que sostenía el Papa Benedicto, la empresa cooperativa y sus beneficios no constituyen tampoco una ideología ni una religión sino un sistema voluntario y solidario correctivo de las distorsiones del mercado y de las ausencias del Estado, la cooperación es una comunidad de consenso de valores y un compromiso a vivirlos que no se sujeta ni subordina al azar de empresas y empresarios de ninguna parte del globo.

A propósito, nuestro Benito dijo en estos días en su visita papal al Brasil que la religión católica no es ni una ideología ni una economía (sic) sino que esta Iglesia promueve y libera desde Cristo mismo sin armas, moneda, decretos ni asonadas.



La economía cooperativa no estuvo ni está involucrada –o emparentada- con actitudes y acciones antidemocráticas ni discriminatorias sino que ha sido siempre el sostén de los excluidos mancomunados por necesidades, aspiraciones y anhelos comunes, desde el primer día, con capacidad y eficacia para suplir ausencias inadmisibles de otros actores y sectores de la comunidad global.

Finalmente, la economía cooperativa es un buen encuentro (sin lideres carismáticos, donde cada persona humana de carne y huesos tiene un voto y es actor central, auto organizándose, autorregulándose, autopromocionándose, donde cualquier persona puede ser transitoria y democráticamente el encargado de su administración)-, u encuentro solidario, directo y neutral de vecinos y no vecinos, de la ciudadanía que multiplica sus posibilidades, amplia su autoestima y dignidad alegrando el espíritu y alentando principios e inquietudes cooperativas tributarias hacia la comunidad global.
La economía cooperativa es `el puente´ mejor –y probado- para despertar a las mentes domesticadas y sojuzgadas por muchos de esos mismos empresarios que ahora, ante la insoportabilidad de los reproches de conciencia por los desastres sociales y ecológicos cometidos, estarían considerando la posibilidad de desandar caminos errados con `aguadas lavandinas de conciencias ´; nuestros hermanos pobres cinco siglos igual, mentes y cuerpos domesticados por el abandono y la rutina que pueden encontrar en las prácticas cooperativas nuevos centros de interés y de esperanza, practicas y organizaciones que ofrecen posibilidades sobre todas las actividades para el desarrollo humano, una economía cooperativa que ofrece nuevos centros de interés y ofrece, favorece y facilita actividades no saturadas por sus frecuente y mas poderosa (Vg. grandes empresas, multinacionales, monopolios, etc.) circulación en el mercado económico.
La economía cooperativa se aplica a una tarea-misión que añeja –no sedimenta- con lentitud, respaldada por su trayectoria y prestigio milenario, con aprendizajes metódicos y graduales, de largo aliento y resultados satisfactorios pero también, `aprendiendo a aprenderá, `hacer-haciendo´ y `estar-estando´.
Sin titubeos hemos reflexionado sobre algo que es y otro algo difuso que quiere ser, el paradigma cooperativo y el método de conjuntos difusos modificables pero, no habrá fácil reclutamiento para nuevas economías cuando sólo el fervor de una pretendida buena novedad se las tiene que ver con la constancia y con sus frutos, transparente y sin intermitencias propias de la economía cooperativa genuina.

Así lo han admitido pareja y reiteradamente el Vaticano, las Naciones Unidas, la O.I.T.; la F.A.O.; la O.E.A.; la Unión Europea, El Mercosur y la Comunidad de las naciones libres, éticas, democráticas, católicas o no, judías y anglosajonas, todos.

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