La fisiocracia, que surge en Francia a mediados del siglo XVIII, puede con justicia ser llamada la primera escuela sistemática de pensamiento económico. Ellos fueron los primeros en reflexionar sobre la actividad económica y en explicarla como un todo, es decir como una disciplina sujeta a determinadas relaciones y leyes.

Esta escuela consideraba a la tierra como la fuente única de riqueza de las naciones. Varios de sus principales exponentes, como Quesnay y Turgot, opinaban que un pueblo sería más rico y más poderoso cuanta más tierra y mayor producción agrícola tuviera. El eje de la argumentación fisiocrática afirmaba que las sociedades están regidas por un orden natural -leyes naturales- y que entonces el Estado está inhibido de intervenir en ellas. De hecho fisiocracia proviene de una combinación de palabras griegas que significan “gobierno de la naturaleza”. En consecuencia, a la pregunta del monarca “¿qué debo hacer con la economía?”, le siguió una respuesta que pasó a la historia: “laissez faire, laissez passer” -“dejad hacer, dejad pasar”- . En síntesis, no hay que hacer nada. Cualquier acción que realice el Estado sobre la economía sólo servirá para trabar ese delicado mecanismo de relojería que es la sociedad, y entonces el remedio será peor que la enfermedad -a esta altura de la argumentación no nota el lector alguna relación con el pensamiento del ingeniero devenido en economista Robert Lucas-.

En materia económica, estos pensadores entendían que la única actividad humana capaz de producir una nueva riqueza, es decir agregar un nuevo valor, era la agricultura -recordemos que la economía francesa en aquella época era eminentemente agrícola-. Según ellos, la industria, el comercio, etc. sólo cambiaban las características de los bienes, es decir los transformaban pero sin agregar nueva riqueza a la sociedad. De allí que, a diferencia de los mercantilistas, no consideraban que el comercio pudiera favorecer la prosperidad de un país. Por lo tanto, la única clase productiva era la de aquellos que estaban vinculados al trabajo de la tierra, mientras que los demás sectores eran considerados “la clase estéril”, ya que no producían riqueza. Por lo tanto, estaban de acuerdo con que sólo la actividad primaria pagara impuestos, medida que involuntariamente favoreció el desarrollo industrial. Recordemos que Francia, si bien fue el país donde nació la fisiocracia, venía de un acérrimo mercantilismo hacia fines del siglo XVII, donde es famoso el aporte de Colbert -Ministro de Hacienda de Luis XIV- a la implementación política de dichas ideas.

BIBLIOGRAFÍA

1. Economía de Editorial Aique
2. Economía de Editorial Santillana.