El Valor de Cambio

El aparecer . La elaboración del concepto de valor de cambio por parte de Marx se divide en dos fases: primero expone cómo aparece el valor de cambio a primera vista, y después expone cómo aparece cuando lo vemos más de cerca. Y al mirarlo más de cerca, Marx nos demuestra que el valor de cambio es un modo de expresión o forma fenoménica. Más adelante explicaré qué es un modo de expresión o forma fenoménica.

Primera fase. El valor de cambio aparece primero como la proporción en que los valores de uso de un tipo se cambia por los de otro. Pero como esta proporción varía con el tiempo y el lugar, un valor de cambio intrínseco a la mercancía se presenta como una contradicción en el adjetivo .  Ilustremos esta idea. Se trata de imaginar un mercado donde la seda se cambia por trigo, el hierro por papel, el oro por zapatos, etcétera. Pero con respecto a la proporción en que se intercambian estos valores de uso, ocurre lo siguiente: en un lugar 1 metro de seda se cambia por 2 kilos de trigo, pero en otro lugar 1 metro de seda se cambia por 3 kilos de trigo; hoy 1 metro de seda se cambia por 2 kilos de trigo, pero mañana en el mismo lugar 1 metro de seda se cambia por 1 kilo de trigo. Como el valor de cambio de 1 metro de seda cambia con el lugar y con el tiempo, pensar que ese metro de seda tiene un valor de cambio intrínseco se presenta como una contradicción en el adjetivo. Puesto que la experiencia nos dice que el valor de cambio es una pura relación externa entre valores de uso,  que nada tiene que ver con propiedades inmanentes o intrínsecas. Es así como se ve el valor de cambio a primera vista.

Segunda fase. Miremos el valor de cambio más de cerca. Al mirar el valor de cambio más de cerca, observamos que una misma mercancía se cambia por otras mercancías en las proporciones más diversas . Así, por ejemplo, 1 kilo de trigo se cambia por x betún, y seda, z oro, etcétera. Por lo tanto, el trigo tiene múltiples valores de cambio y no uno sólo. Pero como x betún, y seda y z oro son el valor de cambio de 1 kilo de trigo, entonces x betún, y seda y z oro son valores de cambio sustituibles unos por otros o de magnitud igual entre sí. De ahí deducimos dos cosas: una, que los valores de cambio válidos de la misma mercancía expresan la misma cosa, y dos,  que el valor de cambio es un modo de expresión  (o forma fenoménica) de un contenido que debemos distinguir de él. Esta es la conclusión a la que llegamos cuando miramos las cosas más de cerca: la relación de cambio entre las mercancías es una relación de expresión. De modo que la primera tarea a realizar a continuación será distinguir cuál es el contenido que se expresa en la relación de cambio entre las mercancías. Es el mismo problema que se nos planteaba cuando vimos la distinción filosófica entre lo que se manifiesta y la forma de manifestación, cuando hablábamos de la mesa y de su reflejo en el espejo. Veíamos que la mesa del espejo aumentaba y disminuía de tamaño, pero llegábamos a la conclusión de que ese aumento y disminución de la mesa del espejo eran formas fenoménicas, y que en consecuencia había que distinguir unos contenidos distintos de ellas. Uno de esos contenidos era la aproximación del espejo a la mesa, y el otro el alejamiento de la mesa respecto del espejo. Lo mismo hay que hacer en el caso de la relación de cambio entre las mercancías: cuando decimos que un metro de tela se cambia o vale 2 kilos de trigo, 2 kilos de trigo es una forma fenoménica. Y por lo tanto, la tarea a realizar será descubrir el contenido de esta forma fenoménica.

Esta conclusión tiene consecuencias muy importantes para la Semiótica, puesto que la relación de expresión es la primera y la más básica de las relaciones semióticas, que no debe confundirse con la relación referencial o con la relación de significación. La relación que se da entre el espejo y los objetos que refleja es una relación de expresión. También es una relación de expresión la que se da entre los órganos de los sentidos y los objetos del mundo exterior. Sólo hay que tener en cuenta que la relación de cambio entre los valores de uso es un caso particular de forma fenoménica o modo de expresión. Pero repito lo que es fundamental para la Semiótica: la relación de cambio entre los valores de uso es una relación semiótica, en concreto, una relación de expresión.

Del aparecer al representar. Hemos visto que el valor de cambio es un modo de expresión y que, por lo tanto, la primera tarea a realizar es distinguir o descubrir el contenido expresado.  Pero para distinguir este contenido hemos de pasar del aparecer del valor de cambio a representarlo por medio de una ecuación. Tomemos una de las relaciones de cambio vistas anteriormente, por ejemplo, 1 metro de tela se cambia por 2 kilos de trigo. Esta relación de cambio se puede representar por medio de una ecuación, donde se equiparan 1 metro de tela con dos kilos de trigos. Así tenemos que 1metro de tela = 2 kilos de trigo. ¿Qué nos dice esta ecuación? Que en dos cosas diferentes, en 1 metro de tela y en 2 kilos de trigo, existe algo de común y de la misma magnitud. Hay que tener en cuenta que la base de la ecuación es  tela = trigo. Por lo tanto, lo primero que hay que hacer es descubrir lo que hay de común en la tela y en el trigo. Y para saber lo que hay de común en la tela y en el trigo, tendremos que restar o abstraer lo que hay de diferente en el trigo y en la tela.

Del representar al proceso de abstracción. Surge el problema de saber qué debemos abstraer en la relación de cambio. Y esto sólo nos lo puede decir la propia relación de cambio entre los valores de uso. Lo que caracteriza el valor de cambio es precisamente la abstracción del valor de uso. Dentro de ella, un valor de uso vale tanto como cualquier otro, aunque sólo si existe en la proporción suficiente. Al analizar la ecuación vemos que la seda y el trigo son valores de uso cualitativamente diferentes, esto es,  tienen distintas propiedades y distintas utilidades. Pero el problema es saber qué tienen de común la seda y el trigo. Por lo tanto, de la seda y del trigo debemos restar o abstraer su valor de uso, para ver cuál es el resto que obtenemos. Si a la mercancía le restamos su valor de uso, sólo nos queda la propiedad de que es un producto del trabajo. (Mercancía – valor de uso = producto del trabajo) (M – VU = Pt). Si en esta ecuación despejamos la mercancía, obtenemos que la mercancía es  el valor de uso más el producto del trabajo. (M = VU + Pt). Esta es la primera conclusión a la que llegamos, que la mercancía es un objeto doble: valor de uso y  producto del trabajo.

Pero el proceso de abstracción no es tan simple como aparece en este primer paso. Detallemos el proceso de abstracción. Si de la tela restamos o abstraemos su valor de uso,  abstraemos las propiedades y la utilidad de la tela. Pero la utilidad de la tela es obra del trabajo útil del tejedor. De manera que en la utilidad de la tela está representado el trabajo útil del tejedor. Por lo tanto, si de la tela hacemos abstracción de su utilidad, hacemos abstracción del trabajo útil del tejedor. Lo mismo ocurre con el trigo: al hacer abstracción de la utilidad del trigo, hacemos abstracción  del trabajo útil del agricultor. Miremos ahora a la tela y al trigo después de haber llegado a esta fase de abstracción: se han disuelto sus propiedades sensibles, han desaparecido las propiedades y las utilidades que los diferenciaba, pero también han desaparecido el trabajo útil del tejedor y el trabajo útil del agricultor. ¿Qué nos queda entonces? Sólo nos queda el hecho de que en la tela y en el trigo se ha gastado fuerza de trabajo humana (gasto de nervios, músculos, cerebro, etcétera) sin tener en cuenta la forma de su gasto . Ahora la tela y el trigo sólo representan el hecho de que en ellos se ha gastado fuerza de trabajo humana sin tener en cuenta la forma de su gasto, esto es, sin tener en cuenta si se gasta en forma de tejeduría o en forma agrícola. Dicho de otro forma: la tela y el trigo representan el hecho de que en ellos se ha acumulado trabajo humano abstracto, esto es, gasto de fuerza de trabajo humana  sin tener en cuenta la forma de su gasto. Lo que nos dice ahora la ecuación, después de haber realizado el proceso de abstracción, es lo siguiente: en un 1 metro de tela se ha gastado la misma cantidad de fuerza de trabajo humana que en 2 kilos de trigo. Como cristalizaciones de esta sustancia social común a ellas, como cristalizaciones de trabajo humano abstracto, son valores, valores de mercancías. Por lo tanto, un valor de uso o un bien sólo tiene valor porque se ha cristalizado en él trabajo humano abstracto.

Forma lógica del juicio. El valor de una mercancía  es el trabajo humano abstracto acumulado en ella. A es B. Esto es un juicio de concepto, donde debemos distinguir el nombre del objeto del concepto,  ‘el valor', y el sintagma con que expresamos el contenido del concepto, ‘trabajo humano abstracto acumulado'. Lo único que hay que destacar aquí es que este concepto no ha sido obtenido de modo inmediato, recurriendo a la percepción, como ocurría en el caso del concepto de valor de uso, sino que lo hemos obtenido mediante un proceso de abstracción. Aunque el punto de partida fue también un hecho perceptivo:  el aparecer del valor de cambio.

La medida del valor. Habíamos dicho que un valor de uso tiene valor porque se ha objetivado en él trabajo humano abstracto. ¿Cómo medimos entonces la magnitud del valor de una mercancía? Mediante la cantidad de trabajo acumulado en la mercancía. ¿Y cómo medimos la cantidad de trabajo acumulado en la mercancía? Mediante la duración del trabajo. ¿Y cómo medimos la duración del trabajo? Mediante unidades de tiempo: horas, días, semanas, meses, etcétera. Dicho en camino inverso: por medio de unidades de tiempo (horas) mido la duración del trabajo; y mediante la duración del trabajo mido el trabajo acumulado o la fuerza de trabajo humana gastada. Entre los marxistas y no marxistas es habitual confundir la sustancia del valor con su medida. La sustancia del valor es la cantidad de trabajo acumulada en la mercancía o el trabajo gastado en su producción, mientras que la duración del trabado es el medio por el que medimos dicho gasto.

Trabajo individual y trabajo social.   Si el valor de una mercancía viene determinado por la cantidad de trabajo gastada en su producción, cuanto más holgazana y menos diestra sea una persona, más valor tendrá su mercancía, puesto que consume más tiempo en su elaboración. Pero el trabajo que constituye la sustancia del valor de las mercancías es trabajo humano igual, gasto de la misma fuerza de trabajo. Toda la fuerza de trabajo de la sociedad que se representa en los valores del mundo de las mercancías rige aquí como una sola y la misma fuerza de trabajo , aunque conste de numerosas fuerzas de trabajo individuales. Es aquí muy importante el concepto de ‘regir como'. Es cierto que la fuerza de trabajo es individual, pero también es evidente que todas las fuerzas de trabajo son iguales en el sentido de que todas representan gasto de nervios, músculos, cerebro, etcétera. De ahí que la fuerza de trabajo representada en los valores de las mercancías rija como una y la misma fuerza de trabajo. Marx pone el siguiente ejemplo: Un tejedor manual emplea 1 hora de trabajo en transformar 100 metro de hilo en tela. Pero con la introducción del telar a vapor se requiere sólo ½  hora de trabajo para transformar 100 metros de hilo en tela. El tejedor manual, atado al viejo método de producción, seguirá necesitando 1 hora de trabajo para transformar 100 metros de hilo en tela, pero su hora de trabajo individual, después de la introducción del telar a vapor, representa solamente ½ hora de trabajo social. Es evidente, por lo tanto, que en la consideración de los valores de las mercancías toda la fuerza de trabajo de la sociedad rige como una y la misma fuerza de trabajo. Esta representación se hace todavía más evidente cuando en vez de considerar a la sociedad en su conjunto, consideramos a una persona que vive sola en una isla. Trabaja dos horas de pescador, dos horas de agricultor, dos horas de cocinero y dos horas de carpintero. Es obvio que pescar, cultivar la tierra, cocinar y fabricar muebles son actividades productivas diferentes, pero también es obvio que son formas distintas de gastar una y la misma fuerza de trabajo. La diferencia está, y es la causa de la dificultad de esa representación, en que en un caso, en el de la isla, son funciones de un mismo individuo, mientras que en el otro caso, en el de la sociedad, son funciones de individuos distintos. Así que únicamente el tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de un valor de uso determina su magnitud de valor. Tiempo de trabajo socialmente necesario es el tiempo de trabajo requerido para representar cualquier valor de uso con las existentes condiciones de producción socialmente normales y el grado medio de habilidad e intensidad de trabajo . Dicho de forma más corriente: tiempo de trabajo socialmente necesario es el tiempo que necesita la sociedad para producir la riqueza.

Reflexionemos un poco más sobre las diferencias entre el trabajo individual y el trabajo social. Al imponerse las condiciones sociales medias de producción, las que establece el método de producción basado en el telar a vapor, la magnitud del valor de los 100 metros de hilo transformado en tela por el trabajador manual  y la del valor de los 100 metros de hilo transformado en tela por el obrero colectivo mediante el telar a vapor, es la misma: ½ hora de trabajo social. Pero el trabajo individual contenido en los 100 metros hilo transformado en tela por el trabajador manual y el trabajo colectivo contenido en los 100 metros de hilo transformado en tela por el obrero colectivo son distintos: en el primero hay contenido 1 hora de trabajo y en el segundo hay contenido ½ hora de trabajo. Esta distinción es muy importante para el estudio del comercio internacional, y que Samir Amin interpretó erróneamente como intercambio de valores desiguales. En el mercado mundial se impone las condiciones sociales medias de producción, que no son sino las condiciones sociales medias de los países más avanzados. Por lo tanto, en el mercado mundial también se impone el intercambio de valores iguales,  aunque los contenidos de trabajo nacionales sean distintos para los mismos valores. Es decir, se intercambian los mismos valores pero distintos trabajos nacionales. De ahí la necesidad ineludible que tienen los países económicamente más atrasados de proteger su agricultura, industria, comercio y finanzas nacionales, si no quieren ser explotados por los países más avanzados.