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Neuroeconomía y el Modelo Glimcher de Toma de Decisiones (El Standard Back Pocket Model)

Autor: Sebastián Laza - Economista

Paul Glimcher, si bien proveniente de las neurociencias y no de la economía, se ha convertido, a mi juicio, junto con Colin Camerer, en el neuroeconomista más importante del planeta en la actualidad. De esta forma, desde su laboratorio en la New York University, ha realizado numerosos experimentos y recabado una enorme evidencia empírica sobre estudios hechos en otras partes del mundo, lo que le ha permitido condensar todo este material en un interesante modelo teórico, publicado hace muy poco (año 2009), donde se hipotetiza sobre el verdadero funcionamiento del cerebro humano al momento de tomar decisiones. A continuación, una reseña de su modelo1, que a su vez es un breve resumen de gran parte de lo que sabe (o se hipotetiza) en Neuroeconomía hasta el momento:

este modelo de Glimcher se llama “de dos etapas”, ya que por un lado se analiza el aspecto de valoración de alternativas de decisión (algo parecido a la utilidad que las personas le damos a cada objeto o acción posible) –ETAPA VALORACIÓN- y por el otro se analiza la decisión concreta a tomarse, es decir, el por qué de la selección de una sola (entre varias alternativas) y su posterior ejecución –ETAPA DECISIÓN-;

para dar un ejemplo simple, en la ETAPA DE VALORACIÓN, el modelo describe los circuitos neuropsicológicos mediante los cuales los seres humanos valoramos las alternativas A, B, C, D y E que tenemos para un curso de acción determinado (por ejemplo adónde ir de vacaciones el próximo verano), es decir, algo parecido a la utilidad (el concepto económico) que le damos a cada alternativa en el modelo neoclásico2; mientras que en la ETAPA DE DECISIÓN, el modelo describe de qué forma (circuitos cerebrales que se activan) terminamos escogiendo la “supuesta” mejor alternativa, supongamos la A, para ir de vacaciones;

la ETAPA DE VALORACIÓN viene siendo estudiada cada vez con más detalle y profundidad en los últimos tiempos, no tan así la ETAPA DE DECISIÓN, que en humanos está un poco retrasada (no así en otros mamíferos, como los monos), principalmente por el hecho de que (en humanos) la dinámica temporal de la selección y ejecución de un curso de acción determinado hoy es difícil de seguir vía neuroimágenes (fMRI);

de todas formas, los mencionados “dos sistemas o etapas”, VALORACIÓN y DECISIÓN, no serían comportamientos estancos, ya que hay cierta evidencia empírica de que algunas características de nuestro proceso de valoración (nuestra función de preferencia) son atribuibles a procesos mecánicos intrínsicamente ligados a la etapa de decisión;

en otra característica interesante, hoy un alto número de estudios muestra que determinadas zonas del estriato ventral y de la corteza frontal “aprenden” y “representan” las valoraciones (preferencias) aún cuando el “aprendizaje” sea pasivo, es decir, aún cuando la persona no se encuentre ante una acción u objeto puntual sobre el que tiene que decidir;

los valores (preferencias) asignados a objetos y acciones se “aprenderían” mediante “prueba y error”, donde las neuronas dopaminérgicas de nuestro cerebro medio3 jugarían un rol fundamental, a través del concepto del reward prediction error (la diferencia entre la recompensa esperada de un curso de acción determinado y la realmente alcanzada), error que se iría acotando cada vez más gracias al mencionado “aprendizaje” ;

el SISTEMA DE DECISIÓN involucra grandes porciones de nuestra corteza parietal, entre otras; que a su vez reciben proyecciones directas e indirectas de las áreas del SISTEMA DE VALORACIÓN, y, una vez tomada la decisión, el proceso se proyecta directamente hacia las ÁREAS DE CONTROL DE MOVIMIENTOS, para la ejecución concreta de la decisión;

en un dato que es bastante limitante para aquellos teóricos en temas de bienestar (la escuela de la ECONOMÍA DE LA FELICIDAD, por ejemplo), en neurociencias hoy se conoce bastante sobre los circuitos neuronales involucrados en los aspectos de valoración de alternativas, sólo un poco sobre toma de decisiones concretas, pero casi nada sobre los circuitos neurales que actúan en lo que se llama “sensación de bienestar” de una persona; ya que como todos sabemos, no necesariamente el hecho de consumir (por más que haya un agudo proceso de sopesar recompensas y castigos, o costos y beneficios) nos lleva con seguridad a una sensación de bienestar;

en algo que es de suma importancia, en Neuroeconomía se propone el concepto de “valor subjetivo” (VS), pero en forma cardinal, en lugar del tradicional concepto de “utilidad” de la teoría tradicional, que es ordinal;

el VS, de esta forma, al ser cardinal, se mide en función de la tasa de “encendido de neuronas” –neuronal firing rates- que se produce en determinadas zonas del cerebro ante la percepción de cada objeto o acción alternativa a elegir (por ejemplo las opciones A, B, C, D y E para ir de vacaciones), donde los investigadores analizan dicho “encendido neuronal” a partir del scanneo de nuestro cerebro, vía neuroimágenes;

la elección de la alternativa definitiva al tomar una decisión (la alternativa A para ir de vacaciones), se daría luego de comparar los VS relativos entre las distintas opciones, luego de un “ensuciamiento” del proceso por “ruido”;

el “error de predicción de recompensa” –EPR- de una alternativa elegida estaría dado por la diferencia entre el VS esperado y el VS obtenido al tomar la decisión (por ejemplo de la alternativa A para ir de vacaciones); y a través del acotamiento de dicho EPR es cómo nuestro cerebro iría mejorando su sistema de valoración, de esta forma, cada vez va equivocándose menos;

la evidencia empírica (y las hipótesis de trabajo) hoy disponibles sugieren que dos áreas cerebrales parecen contener todas las neuronas requeridas para extraer VS para cualquier objeto y acción: el estriato ventral (integrante del cerebro límbico –emocional-) y la corteza prefrontal media, y en particular el estriato ventral para acciones y la corteza prefrontal media para objetos;

pero una cosa es la extracción de SV (o sea, el otorgar valor a las opciones A, B, C, D y E antes de tomar la decisión) y otra su almacenamiento (una vez tomada la decisión de elegir A), a los fines de ser usado en posteriores decisiones;

de esta forma, los SV calculados en las áreas mencionadas en el ítem anterior se almacenarían en un área mucho más amplia que la del estriato ventral y la corteza prefrontal media, que habíamos visto participan casi exclusivamente cuando se otorga SV por primera vez a una opción;

lo que llevaría a concluir que cuando un SV (ya almacenado) es representado en nuestro cerebro (por ejemplo, ante la decisión de adónde ir de vacaciones el año que viene, no este año), reflejaría actividad en áreas tales como: el sulcus inferior frontal, la ínsula, la amígdala, el cíngulo posterior, el sulcus temporal superior, el núcleo caudado, el putamen y la corteza prefrontal dorsolateral, y obviamente el estriato ventral y la corteza prefrontal media; es decir un área mucho más amplia que la participante en la valoración inicial de la opción;

sin embargo, y en lo que es una limitación actual de la Neuroeconomía, los detalles (o sea el cómo, no sólo el dónde) de dicho proceso de valoración –asignación de VS a objetos y acciones- recién están empezando a ser entendidos, ya que son difíciles de alcanzar vía neuroimágenes;

yendo a la ETAPA DE DECISIÓN, y como decíamos al principio, está mucho menos estudiada que la ETAPA DE VALORACIÓN, siempre hablando de seres humanos, no de otros mamíferos, como los monos, donde la evidencia empírica es mucho mayor;

en la ETAPA DE DECISIÓN, parecerían jugar un rol fundamental las neuronas del área intraparietal lateral (IPL)4, ya que serían las encargadas de representar el VS relativo de cada alternativa de decisión (las A, B, C, D y E de nuestro ejemplo de las vacaciones);

recordemos que el VS de cada alternativa viene de la ETAPA DE VALORACIÓN, y surgía básicamente de la actividad neuronal de dos áreas puntuales: el estriato ventral y la corteza prefrontal media; pero en la ETAPA DE DECISIÓN, el VS absoluto de cada decisión alternativa se transformaría en VS relativo, y esto ocurriría primero en la corteza parietal posterior y luego se representaría en el área IPL;

al igual que en la ETAPA DE VALORACIÓN, en la ETAPA DE DECISIÓN también hay “ruido” cerebral interno, que afecta la calidad de la toma de decisiones;

en determinado momento, el set de opciones disponibles (A, B, C, D y E, con sus respectivos VS absolutos y también relativos) converge a una única alternativa, la elegida (alternativa A), que se daría cuando las neuronas coliculares superan su “umbral de explosión”;

en lo que una limitante actual muy importante, hay que mencionar que la mayoría de estos estudios sobre la ETAPA DE DECISIÓN giran en torno a monos, y en particular a decisiones tomadas vía “generación de movimientos a través del ojo”, que no es la única alternativa posible para generar movimientos. Sin embargo, siempre según Glimcher, hay cierta evidencia empírica sobre que este tipo de estructuras cerebrales también operaría para decisiones sobre objetos más abstractos que los que habitualmente puede elegir un mono (y que sí son más habituales en seres humanos); y menor evidencia de que también operaría para estructuras de generación de movimientos distintas a la del ojo, tanto en monos como en humanos; aclarando que lo de “menor evidencia” disponible es principalmente por lo nobel de la Neuroeconomía como rama de estudio, y no tanto porque en un futuro no se puedan hacer dichos estudios, en especial con los avances que seguramente vendrán en neuroimágenes;

para ir terminando, y como ya dijimos al principio, Glimcher afirma que el output de la ETAPA DE VALORACIÓN no sólo es input de la ETAPA DE DECISIÓN, sino que también se observaría el camino inverso, ya que habrían numerosos circuitos de decisión interconectados con importantes áreas de valoración, como por ejemplo los ya mencionados corteza frontal y ganglios basales; o sea el proceso no sería lineal ni aditivo, sino bastante más complejo, pero unitario;

de hecho Glimcher, al finalizar la exposición de su modelo, embate contra los colegas neuroeconomistas y conductualistas, como por ejemplo el premio nobel Kahneman, Laibson o Mc Lure, quienes proponen la existencia de dos sistemas relativamente independientes que regularían la toma de decisiones, una asociada a lo emocional (el área límbica) y el otro más racional (principalmente la corteza cerebral);

para ser más específicos, Glimcher critica los modelos de racionalidad “múltiples yo”, donde generalmente se describe al área comprendida por los ganglios basales y la corteza media prefrontal como un módulo emocional, que interactúa (aditivamente) con un segundo sistema organizado alrededor de la corteza parietal posterior y la corteza prefrontal dorsolateral, que formarían un módulo racional;

el mencionado Glimcher indica que, por ejemplo, estaría relativamente comprobado (en monos) que la actividad neural en la corteza parietal posterior (eminentemente racional) predeciría preferencias (que supuestamente se generan en áreas emocionales), bajo todas las condiciones que han sido estudiadas (recompensa inmediata, recompensa a futuro, grandes y pequeñas recompensas y recompensas de alta y baja probabilidad);

y posteriormente menciona Glimcher mucha más evidencia empírica, que en conjunto, estarían mostrando una estructura globalmente involucrada en actividades de valoración (ETAPA DE VALORACIÓN) y no una estructura manejada exclusivamente por la emocionalidad;

por supuesto, concluye Glimcher, las emociones verdaderamente influencian nuestra toma de decisiones, en especial en la ETAPA DE VALORACIÓN, pero de ninguna manera habrían “múltiples yo”, es decir, lo emocional por un lado determinando valoraciones (utilidades) de objetos y acciones, y lo racional por el otro lado, decidiendo cuál es la mejor opción y dando la orden para ejecutar;

y aquí se hace conveniente citar la crítica de Kahneman, el premio nobel de la Economía Conductual, quien no cree que la evidencia citada por Glimcher sea contundente para invalidar el argumento de que la toma de decisiones emerge de un conflicto entre emociones y razón; todo lo contrario al sistema “unitario” que propone Glimcher;

de hecho, siempre según Kahneman, habría importante evidencia conductualista (más fundamentada en psicología que neurociencias) sobre la existencia de “múltiples yo” en nuestra psiquis, y de la importancia del conflicto; sin embargo termina sosteniendo que se necesita más evidencia empírica desde las neurociencias para definir el ganador de este debate; es decir, tampoco arremete en forma definitiva contra el modelo Glimcher, lo que es lógico, ya que la evidencia en neurociencias es superior a la psicológica;

finalmente, reconoce Glimcher que todavía quedan importantes aspectos para especificar mejor en su modelo, básicamente por falta de evidencia empírica, en especial en la ETAPA DE DECISIÓN, ya que recordemos la Neuroeconomía recién está rozando la década de vida y aún se pueden mejorar mucho más los instrumentos disponibles para abrir nuestra “caja negra”.

En síntesis, el sistema neuropsicológico que sostiene nuestra toma de decisiones parecería ser un “poquito” más complejo que la simplificada versión de la economía neoclásica, basada esta última (en su versión más básica)5 en curvas de utilidad ordinales, y no cardinales, que luego son enfrentadas con la restricción del ingreso de cada consumidor, para poder determinar qué cantidades se consumen de cada bien y servicio, derivando de este modelo las respectivas curvas de demanda de cada uno de ellos. Indudablemente este modelo neoclásico, que es simple e irreal, ha sido enormemente útil para hacer ciencia económica en forma seria, a la luz del método científico post revolución industrial; sin embargo, a través de este modelo de Glimcher, hemos podido apreciar que hoy ya se puede medir (vía neuroimágenes) la verdadera utilidad que cada persona obtiene de cada bien o servicio, el llamado VS (valor subjetivo), que se observaría en nuestros cerebros en función del grado de “encendido neuronal”, que se genera cuando percibimos y evaluamos dicho bien o servicio para adquirirlo o no6; y además que dicha utilidad o VS sería cardinal, no ordinal, y que se “aprende”, es decir, mejoraría día a día gracias a nuestra “plasticidad neuronal”. O sea, ante esta nueva evidencia empírica, ¿se seguirán sosteniendo los viejos modelos neoclásicos?.

Como citar este artículo: 

Sebastián Laza (13 de Mayo de 2016 - primera vez publicado: 13 de Jul de 2010). "Neuroeconomía y el Modelo Glimcher de Toma de Decisiones (El Standard Back Pocket Model)". [en linea]
Dirección URL: https://www.zonaeconomica.com/node/3121 (Consultado el 19 de Nov de 2017)




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