TROCANDO CON LA TEORIA
No. 6
LA SUSTANCIA
Trabajar, trabajar y trabajar! Es el lema que gobierna. Y pareciera que solamente fuera válida la premisa bíblica, «comerás tu pan con el sudor de tu frente». Sin embargo la realidad dictada por el fundamentalismo del mercado es categórica: «no comerás porque tu sudor es superfluo, invendible o mal remunerado». Que estos límites hubiesen sido alcanzados en ese futuro de tinte neoclásico, ya no nos ha de extrañar en este trueque de teorías.
El sistema productor de mercancías padece, desde su nacimiento, de una contradicción incurable. Por un lado, vive del hecho de absorber en masa energía humana mediante el gasto de trabajo para su maquinaria: cuanto más, mejor. Por otro, sin embargo, impone, de acuerdo con la ley de la competencia empresarial, un aumento de la productividad, mediante la cual la mayoría de la fuerza de trabajo humana pasa a ser superflua.
Un sistema social de trabajo que no esté desde sus inicios basado en la comunicación y vínculos comunes, sino sólo a posteriori por el intercambio de mercancías, forma la matriz de una socialización fetichista basada en la relación entre cosas, o sea, en la cualidad metafísica aparente de las mercancías, y no en la comunicación directa entre las personas. El humano "proceso de metabolismo con la naturaleza" se convierte en un insensato gasto de fuerza de trabajo, justamente porque
el dinero se autonomiza del agente humano,
y ya no es la necesidad humana la que guía el gasto de sudor, nervios, músculos y cerebro; por el contrario, la forma "abstracta" de esa energía autonomizada como cosa dineraria, subordina a sí misma la satisfacción de las necesidades humanas. La relación con la naturaleza, tal como las relaciones sociales, llegan a ser meros procesos de paso para la obtención de dinero. Si se construyen casas o se siembran los campos de minas, si se imprimen libros o se cultivan tomates transgénicos, si las personas enferman o el aire está contaminado, o si «sólo» se perjudica el buen gusto... todo eso no interesa. Lo que interesa, de cualquier modo, es que la mercancía pueda ser transformada en dinero y el dinero en nuevo trabajo. Que la mercancía exija un uso concreto, y que éste sea destructivo, no le interesa a la racionalidad de la economía empresarial. Qué, para qué y con qué consecuencias se produce, en el fondo no interesa, ni al vendedor de la mercancía fuerza de trabajo, ni al comprador.
El sistema social del trabajar, trabajar y trabajar tiene como característica principal
LA SIMULACION
Se confía en la riqueza futura esperada mientras la realidad económica demuestra que el proceso de crecimiento está centrado en la creación ficticia de valor. Se simula que el dinero es capaz de garantizar el crecimiento económico aun cuando el dinero se haya desvinculado temporal y espacialmente de ese desgaste de músculo, nervio, cerebro, es decir de
LA SUSTANCIA
como si en apariencia el dinero, -esa forma de valor-, autonomizado del trabajo humano, -esencia de la realidad económica-, pudiera garantizar la creación de riqueza.
El dinero engaña a incautos; ya que no deja traslucir
“qué es lo que se ha convertido en él…”
y por consiguiente se alcanza un grado aún más alto de desvinculación entre trabajo y dinero cuando el dinero crediticio sirve como punto de partida de un movimiento especulativo, en el cual ya no hay la apariencia siquiera de una producción real de mercancías. El comercio con los simples títulos de propiedad de acciones e inmuebles produce así aumentos ficticios de valor, que no tienen nada que ver ni aun formalmente con los beneficios reales provenientes del consumo empresarial de trabajo humano. Un movimiento especulativo de ese tipo se pone en marcha siempre que la acumulación empresarial real de capital alcanza sus límites y los beneficios de los períodos pasados de producción no pueden ser invertidos, en la medida suficiente, en un aumento de la producción real de mercancías, sino que tienen que ser aplicados exclusivamente en el sistema financiero. Así, la presión crece tan fuertemente que ante el aumento especulativo del valor de las acciones los dividendos reales son insignificantes; la relación entre cotizaciones y beneficios sobrepasa todas las medidas, desembocando este proceso en
LA BURBUJA
reflejo de la simulación del trabajo, mediante medidas coercitivas de la administración democrática del mismo, que forma una simulación de creación de riqueza, mediante la desconexión especulativa del sistema crediticio y de los mercados accionarios con la economía real. La relación entre la economía real y el movimiento especulativo del mercado financiero se ha invertido completamente. La Escuela Neoclásica no da respuestas desde su propio paradigma. La aplicabilidad del principio de
LA NEUTRALIDAD
igualmente se extravía en un futuro incierto.
El aumento especulativo de la cotización ya no anticipa la expansión de la economía real, sino que por el contrario, el ascenso de la creación ficticia de valor simula una acumulación real que ya no existe.
Trabajar, trabajar y trabajar es el lema que gobierna con su sello corporativo de empresarios que en su mayoría tienen ganancias que no resultan de la producción y venta de productos reales –lo cual se ha convertido en un negocio deficitario–, sino de la participación en la especulación de acciones y divisas elaborada por un departamento financiero «experto». El aplazamiento temporal de la crisis, por la expansión especulativa de los mercados financieros, aparece así de manera invertida como supuesta causa de la crisis. Los «especuladores malvados», así llamados a la hora de la perdida de
LA CONFIANZA
arruinan a toda la sociedad del trabajo porque gastan el «buen dinero» que «existe de sobra» en la actividad especulativa, en vez de invertirlo de una manera sólida y bien educada en maravillosos «puestos de trabajo», a fin de que una humanidad loca por el trabajo pueda tener su «pleno empleo».
Una humanidad loca por el trabajo que sobre su cabeza pende
LA DEUEDA
consecuencia de esa práctica monetaria convencional obnubilada por
EL FETICHE
(…PUNTO FINAL….)
Este malabarismo teórico carece de toda pretensión de originalidad, salvo la que puede resultar de haber sugerido a lo largo del texto, una u otra relación analítica o de planteamiento. Me he limitado a localizar, leer y resumir una literatura sobre el tema. Es así como, he recurrido en ocasiones a transcribir algunos párrafos sin utilizar las comillas.
Mi intención es elaborar un texto digerible para los trocadores… a pesar de los esfuerzos, la teoría sigue siendo cargante, …pero creo que es necesaria…
Lecturas aludidas:
“El dinero en modelos de equilibrio general”, Luis Jorge Garay.
“Orden monetario y bancos centrales”, Michel Aglietta.
“Dinero, de dónde viene …a donde va”, J.K. Galbraith.
“El Capital”, Karl Marx
“El ascenso del hombre”, J. Bronowski
“la ascencion del dinero a los cielos”, R. KURZ
“transformacion de la mercancia en dinero”, F. UMPIERREZ
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