¿Fatalismo de Haití ?

p. Roberto F. Bertossi El día 12 de enero ppdo. aconteció un sismo de 7,3 grados en la escala Ritchter. Este tremendo movimiento telúrico daño gravemente al país caribeño, el más pobre de Latinoamérica y uno de las más carenciados (Vg. agua potable, nutrición, educación, seguridad, etc.s.) del mundo. Esto se agravó espantosamente con la replica de la víspera que alcanzó el grado 6 de dicha escala. Si bien aún no hay cifras oficiales de víctimas, algunas estimaciones hablan de más de 150.000 víctimas fatales y otras tantas entre heridos, minusválidos y un alto número sin determinar de desaparecidos. La gran mayoría de los países han expresado su conmoción, condolencias y solidaridad concreta procediendo al envío de ayudas humanitarias. Es que el horror de la tragedia y un desorden que `gritan´ sumados al clamor de un colapso general, desorientan y desconciertan dejándonos inicialmente perplejos, cuestionando todo humanismo que se precie de tal. Ningún humano pensaría jamás -ni siquiera soñaría- `ascuas semejantes´. En Haití, la situación es de toda incertidumbre `sin mañana´. El terremoto se hizo notar con fuerza devastadora provocando enormes daños estructurales. En efecto las primeras estimaciones reflejan que un 70% de los edificios están afectados o han desaparecido, las comunicaciones regulares continúan cortadas y la mayoría de las vías y autovías del país están colapsadas por los escombros, impidiendo el acceso por tierra a la capital. Esto facilitó que en esta tierra de los más indigentes de las estadísticas se enfrenten quienes actúan más vil y miserablemente (saqueos, violaciones, linchamientos, etc.) con magnánimos gestos de grandeza de toda clase, raza, credo y nacionalidad destacándose los infaltables y propios del desprendimiento, generosidad, creatividad y universalidad de las sociedades civiles en todo el mundo; de los médicos sin fronteras, de múltiples y diversas ONG´s, etcétera. Habrá que ir promoviendo concomitante y complementariamente acciones mancomunadas, interdisciplinarias e intersectoriales plenas de fraternidad y compasión para reintegrar y cohesionar a la históricamente castigada población de Haití pero, simultáneamente, recuperar la dignidad, la esperanza y la paz para todos y cada uno de nuestros hermanos ahí sobrevivientes con activa, inmediata y constante solidaridad según nuestras posibilidades para alcanzar a satisfacer cada necesidad, todo lo posible. Finalmente, sin menosprecio de las potestades y `caprichos´ de la naturaleza, en Haití, fatalismo y pobreza no son tales sino que obedecen inconmensurablemente a dinastías, dictaduras, autocracias e insolidaridades que contaron con una complicidad global que explica tanta indefensión, injustos empobrecimientos, postergaciones y miserias inaceptables como ahora mismo sucede en mayor o menor medida tanto en Cuba, como Bolivia, Venezuela y cuantos países africanos lo que nos propone considerar más profundamente las categorías: `inevitabilidad´ e `inviabilidad´ para impedir y condenar toda confusión de intereses o responsables inescrupulosos.